domingo, 18 de septiembre de 2011

Apostilla

por graciela malagrida


Suelo preguntarme si en la opción, de todas las formas de goteo elegiría la lluvia? y respondo: - ¡Claro que si! porque el cielo no me sufre -. G.M.






Preferiría que jamás llorasen atlantes y cariátides
menos por mí o por la musa Poesía. Sino que recrearan la vida con sus actos
sin pesares sobre sus lomos, sin tapas o techos más que éste que reluce: el cielo.
Y que lo hicieran sobre mis huellas, pronto, sí, cuanto antes pues en mi tumba
de nada serviría, no podría ver cuánto y cómo florecen las semillas que he plantado...

Qué más da, qué más da! está cantado... los miraría siempre de otro modo
queriendo liberarlos de todo, incluso de mi después de mi
cuando sea inútil ya la miserable excusa del miedo a lo desconocido.
Yo diría que nada de echar guantes sobre esas náyades de los saltos ocultos en la selva
nada de mendigar amor a las oceánides, no vaya a ser que tanta sed
despierte en ustedes mismos, seres con gargantas inflamadas, devoradores de almas
quemadores de rimas, timbradores de pechos inocentes
inquisidores que sólo puedan catar conflagración. No no, ni lo piensen
no flaqueen que no es hora de deshidratarse sino de encontrar la fuente de la misericordia
y sus fluidos impares.

No me lloren por favor, ríanme. Por todo lo que veraz y ferazmente hayamos hecho entre deshechos.
Festéjenme, por la pizca feroz que he combatido, por aquello falaz que he desterrado
por pretender exhumar esta, raíz exhausta de la duda
por evocar blanca luz de luna sobre la piel azul de las palabras
y por quererlos así, con énfasis sobre lo puro, lo discreto
desempolvados e inmortales
cardales, amores, flores mías…
Celébrenme en la calle, en los sueños, las sonrisas
ahora que truena la voz de las voces
ahora que riñen los gallos con los gallos
y los poetas y los pájaros callan para comprender
cuál de los dos es el crepúsculo.

La hilaridad del amor insinúa que no es bueno
tirar lágrimas a los chanchos, al Mar Muerto, a las tumbas
a las esponjas. Más bien dicta que seamos oportunos
y cantemos como ruiseñores y luzcamos
dichosos, campantes, retratados
por la eternidad ésta que nos une.

De veras preferiría
que jamás llorasen atlantes y cariátides
menos por mí o por la ingeniosa, bella
Poesía… Nada me placería más y nada
sumaría más sentido
al nombre que por años me ha signado enhorabuena: "Gracia".

6 comentarios:

  1. Não se chora a poesia, sempre bela e tocante. Um abraço, Yayá.

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  2. Felicidades Graciela por este reflexivo paseo con sabor a ágora enfebrecida por la buena letra,poesía de agradecer méritos eternos... ha sido un placer leerlo.

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