martes, 21 de septiembre de 2010

El eterno equinoccio de las musas




Es cuestión de sentir
gotas pesadas en los pétalos
como brillantes en bruto
como topacios con pátina de yerba
como prismáticos tesoros, entre pastos.
Quizás también, de descalzarse
y cambiar la piel, extirpar la hiel
detectar la miel, libarla.

Se trata de “ser”
virtuosa flor entre las flores
no de verlas de afuera
señoriales, inmarchitas, intocables
en los cuentos de hadas
o en las sedientas almas
de los enamorados.

Es cuestión de vivir
la vida breve de una mariposa
de talar el talante
la cara opaca de las cosas. Es cuestión de expresar
como el aroma de la rosa, de sonar a brisa
a risa moza, a dulce euforia
a rezo tamizado.

Se trata simplemente
de no andar por ahí
rompiendo corazones
ignorando el poder absoluto
de la delicadeza. Se trata del color
del aura de la luna y de la fresa
porque ambas besan
de una u otra forma
la hermosura.

Se trata de nosotros
de sucumbir a los sueños en vigilia
del fluir permanente de las loas
del eterno equinoccio de las musas
de vernos y adentrarnos
en el espejo del río
y de los ojos del otro
sin ahogarnos. Es cuestión
de festejar como los pájaros
y ungir los actos
de lumbre y de ternura.


¡¡¡MUY FELIZ PRIMAVERA!!!

2 comentarios:

  1. hace mucho deseaba leer una poesya! Genia, muy bueno para el despertar, la limpieza de la primavera. Julius

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  2. cuánto más allá del equinoccio va este poema!! cuánto más allá de la primavera!!

    Andrea Favelli

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