
A quién debe pedir perdón
una flor
por la sombra que hace?
Qué pecado han cometido sus pétalos carnosos
su receptáculo o su pistilo?. Pero qué morbo!
La acusan de provocadora de rimas
y de cómplice de Cupido, entre otros cargos…
Qué tontería!. Un requiebro así, un rendibú
qué ternura! creciendo sola en la rajadura
sin esfuerzo, bella.
En realidad, a quién debe su postura
entre la luz y tú
es al jardinero, al experto florista del Edén
que la pensó nimia y fragante
como la vida...
Acaso debe implorar rocío una flor
cuando cae la noche?
Acaso favores el poeta
para echar madrigales sobre afrentas?
Llevo años observándolo todo
y sé que sobrevendrá la sombra esa
de la belleza pura, húmeda
con el fin de apagar ardores falaces
y encender flamas, reflejos. Sucederá
la primorosa pulcritud
serenamente. Y habrán flores
en las grietas de ciertos y contados
corazones.
Las flores saben el secreto:
su estigma es superficial
por eso,jamás se avergüenzan
de su fragilidad, no sienten miedo
ni de culpa.
A quién debe pedir permiso
el aroma de una
menuda flor
para salir a deambular
para activar la máquina del tiempo
y la de escribir?