
alimento a los peces/ángeles que me miran famélicos
y agitan sus aletas a modo de “alitas”
enciendo el pequeño ordenador que me está dejando ciega
anulo el sonido, para no quedar también sorda
pero igualmente, me da la bienvenida por escrito
para demostrar perfección segura-mente.
Un dispositivo de interfaz humana que emula a un ratón
se presenta muy amable, voluntarioso y educado …
Todo es tan simpáticamente sistemático, matemático, burocrático.
Me siento a escribir sintiéndome zonza
y pienso : ”De no ser por la poesía, debo suponer
que evitaría mirarme al espejo, pues me vería
horrorosamente parecida a quienes no
tienen el hábito de observar y distinguir
la forma de las nubes o cuánto crecieron
las hojas de la palmera tras los muros
o si aún existe el extraño bonsái en el frontis de 1921
del vecino de la derecha o la izquierda…(según esté yo
adentro o afuera).
Qué cosa! qué cosa poco rosa!
Cavilo…”¿Qué sería de mí sin las espinas, los tropiezos
los huecos obscuros y las sombras? ¿qué de ti sin mis redes
qué de mi sin tus mañas? ¿quién vería las arañas tejer bajo la lluvia?
¿quién describiría los caireles si tan sólo me dedicara a comprar ropa
si me sedujera más ir a un centro comercial a desear espejismos?
¿Qué sería de mí si al atardecer necesitara imperiosamente
ir a un café a debatir acerca de la moda y le diera la espalda
a los niños que lloran, al hambre que ha hecho del hombre
el lobo del hombre?. ¿Qué sería de cada una de las ovejas
que lejos están, de saltar las cercas de mis sueños
si no hubiera un poeta
por cada una de ellas?"
Es por eso que cada día
abro los ojos
froto los dedos
y con ellos
enciendo el núcleo
de todos
los olvidados.
Es por eso
que me veo así
contando lobos y ovejas
no obstante, sonriendo
codeando abejas.