
Me gusta la rosa que no es rosa
la rosa color té, la rosa de los vientos
la canción que nombra a “Rosa…”
y repite “Rosa…” y luego tiembla, rosa fresa.
Opto por ese amor no-rosa
por la risa subida de tono, por la risa fucsia
por el tallo, la espina y la raíz
que se traga el matiz rosa del oeste.
Sonrosa las mejillas de la tarde
el son rosado que le das a la poesía
y mi voz, se oculta, se enmascara
mi voz que reza, azul-celeste, azul-día.
Me gusta la rosa que no es rosa
la arritmia del verso enardecido
el salto en alto de la rana rezongona
y la expresión plurilingüe de las manos.
Prefiero eludir el espejismo
de ser o parecer alguna que otra cosa
que una rosa no-rosa
entreabierta, color té.










