
Toda ceniza asusta. Como la simple idea
de verse alguna vez así de gris.
La falsa superficie aterciopelada asusta.
La misma
de la sonrisa falaz o el gesto anémico.
La análoga
a la actitud deforme del adúltero.
Aquella similar a la del buitre
que jamás sondeará los cimientos de la tierra.
Asusta a menudo
la falta de fe, de agua, de sed
"la falta" a secas, a modo de trofeo
la mirada puesta en el nylon
la adoración en bloque por lo extrínseco
la extinción de los tesoros
y la búsqueda.
Pero nada es mas lúgubre
nada
asusta más
que la ignorancia.







