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lunes, 30 de enero de 2012

Lisura de la musa mía


La musa pide una silla, ni tan cómoda ni tan rígida
una infusión verde, aromática
un ventanal a la izquierda
y en el corazón, la pluma.

Y cómo no? la consiento, siempre la consiento
como ella a mí, cuando me llena los ojos de lágrimas
la boca de flores, las yemas de néctar
los días de gracia.

Ella pide un trozo de hoja
y de su sierpe, un pecíolo nos perfora.
Todo, mientras reímos reímos
hasta las tintas.

La musa pide una silla
una infusión, silencio
para escuchar el sonido
de la vida.

sábado, 14 de enero de 2012

Teodicea


por graciela malagrida

“Nada hay a tu alrededor tan distinto a ti. Si ves humanidad, urbanidad y un dejo fragoso de antropofagia, no te encrespes. Más, si acaso ves una avecilla y oyes que canta excepcionalmente en tu ventana, quizás quiera decir que puedes volar, cantar, vivir de un modo extraordinario.” G.M.

Arma escudo alma
Hijo padre esposo
Ala formidable o avecilla
Ha hecho de mi lengua este dialecto
Se ha filtrado
En resquicios de pétalos y labios
De zonas que besan asperezas
Y ahora
Es mi suelo mi cielo mi camino
La hondura de mis huellas
La fuerza con que piso
Es mechero del sol y de la luna
Y su séquito, deudor del Amor
por el que brilla.

Es el Verbo que impele los versos todos
Mi oración elemental y mi silencio
La palabra del plectro dicha con dicha
El ensanche de la paz y la sonrisa, el albedrío
La delgada semilla de luz
Bajo la lluvia
Y este, inefable existir
De otra manera.

La otra luz



A Youssef Rzouga y Vicente Gallego, que me la enseñaron.



Te quejas, vociferas, lastimas la piel de las palabras... Únicamente
te miras los pies, sin ver las huellas. G.M.

-

Es que no está el cielo hoy como de costumbre
luce intemperante, groseramente cargado
de nubes con formas libertinas.
Y por debajo, el hombre
peatón, motociclista
rumiante de la palabra "innovación"
el bienamado de Dios
que aun quiere creer
que al tiempo, le toman el tiempo dos agujas



--

Cuando se apaga el reflejo adentro de los ojos
cuando caen los parasoles confesando sueño
es la noche y en su teatral , fantástico despliegue
alrededor de la luna
en el anhelo del beso y la caricia
notas que amando y andando
sólo has sobrevivido.


---

Lloras sobre la leche derramada
gritas y corres desnudo
como en tus pesadillas recurrentes
pero nadie, nadie te oye.
Te sientes solo y vuelves
a una posición fetal
sin pensar porqué lo haces. Como siempre
sin pensar.

Es entonces que acaece otra luz
exenta de falta, voluminosa, espléndida
que invade, se te injerta
y te celebra.

sábado, 7 de enero de 2012

Rapsodia de un albo amor


I

Si alguien tiene la dirección exacta del Silencio
y si es tan amable de pasármela
estaré eternamente agradecida...

II

Hoy por hoy rugen los muros
los perros ladran a la luna
y la hoz
la hoz invisible
ya no corta cabezas
no no... no viene atada
a la mano de la Muerte
hace algo peor, causa estragos
en las mentes, devasta y siembra confusión
y nos larga a este mismo mundo
muy convencidos de ser libres y felices
de que vivimos, en el Paraíso.

III

No por sabia he descubierto
estrategias lúgubres
detrás de muchos gestos
tersos.
No por tonta
prefiero exhibir así
las raíces del Amor.


IV

Si alguien sabe
cómo aprehender la Tierra
y la vida
sin hundirse en ella
sin ensuciarse
sin subplantar sangre por savia
que lo explique por favor
con la urgencia de los saltos
y la claridad de sus torrentes.


V

Si alguien comprende
la esencia libre del poema
que hable ahora
que despliegue sus alas
y vuele y cante
o escriba y lea los espacios
y viva
o calle para siempre.


VI

Lo importante
lo realmente valioso
es ir dejando en el camino
migas, huertos y jardines
.
.
.


VII

Nunca voy a despedirme de ti
porque esta experiencia
de alterar el dolor
me ha vuelto a prueba de bombas
malos modos y palabras vacías
y etcétera... etcétera.


VIII

No puedo asegurarlo, pero creo
que además de la risa
y otros tantos rasgos que solía exhibir
se me ha infiltrado en un suspiro breve
un sesgo de eternidad.


IX

Quizás fue esa tarde que vi
un piso esponjoso
un lugar inmensurable, sin techo
por debajo de mi ala derecha.
- Este sol hubiera encandilado a los mortales...-
pensé... sintiéndome ya un poco rara
pero sin temor alguno a disecarme.

X

Luego fuiste
tallo, hojas, flor
albo amor
poema
mío.